El presidente estadounidense calificó como “totalmente inaceptable” la respuesta de Irán al plan de paz impulsado por Washington. Aunque las negociaciones continúan, la tensión alrededor del estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní mantiene a la región al borde de una nueva escalada.
La paz en Medio Oriente parece avanzar siempre sobre hielo fino.
Y otra vez volvió a agrietarse.
Donald Trump rechazó con dureza la última propuesta presentada por Irán para avanzar hacia un acuerdo que permita frenar la guerra y estabilizar la región. El presidente estadounidense calificó la respuesta iraní como “totalmente inaceptable” y dejó claro que Washington no piensa ceder en uno de sus principales objetivos: limitar el programa nuclear iraní.
La propuesta iraní había llegado a través de mediadores internacionales, especialmente Pakistán, que intenta mantener abiertos canales diplomáticos entre ambos gobiernos. Según trascendió, Teherán reclamó el levantamiento de sanciones, garantías de seguridad, reapertura plena del estrecho de Ormuz y límites a la presencia militar estadounidense en la región.
Pero el punto de choque sigue siendo el mismo.
El programa nuclear.
Estados Unidos exige restricciones mucho más duras y un control internacional amplio sobre el desarrollo nuclear iraní. Irán, en cambio, rechaza renunciar completamente a ese programa y considera que Washington busca imponer condiciones de rendición más que un acuerdo equilibrado.
Mientras tanto, la tregua informal que ambas partes intentan sostener continúa rodeada de amenazas, movimientos militares y tensión marítima en el Golfo Pérsico.
El estrecho de Ormuz aparece otra vez como el centro del conflicto.
Por allí pasa cerca de una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo. Cada incidente militar o amenaza de bloqueo impacta automáticamente sobre mercados energéticos y precios internacionales.
Por eso la crisis ya no es solamente regional.
También preocupa a Europa, China y buena parte de la economía global.
El conflicto además expone algo más profundo sobre la política internacional contemporánea.
La dificultad creciente para construir acuerdos multilaterales duraderos en un escenario dominado por liderazgos confrontativos, desconfianza geopolítica y disputas por influencia global.
Trump mantiene una estrategia de máxima presión sobre Irán y combina amenazas militares con negociaciones intermitentes. Teherán, por su parte, intenta resistir sanciones y sostener capacidad de negociación sin mostrar señales de debilidad interna.
En el medio queda una región agotada por décadas de conflictos.
Y un mundo que sigue dependiendo energéticamente de una zona donde cualquier error puede disparar consecuencias globales.
Las conversaciones diplomáticas todavía no están rotas.
Pero tampoco parecen cerca de una solución estable.
Y en Medio Oriente, a veces, la distancia entre una negociación frágil y una nueva escalada militar suele medirse en apenas unas horas.