Neuquén amplía la vigilancia sobre el hantavirus y estudiará la variante Andes Sur

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La provincia profundizará el estudio del virus Andes Sur junto al Instituto Malbrán, ANIDE, el CEAN y el Ministerio de Salud. El objetivo es conocer mejor cómo circula el hantavirus en la cordillera neuquina, identificar zonas de mayor exposición y diseñar estrategias de prevención apoyadas en evidencia local.

Hay enfermedades que obligan a mirar más allá de los hospitales. El hantavirus es una de ellas. Su circulación está vinculada con el ambiente, con determinadas especies de roedores y con las condiciones que hacen posible el contacto entre esos animales y las personas.

En Neuquén, esa relación vuelve especialmente importante el conocimiento del territorio.

La provincia iniciará una nueva etapa de investigación sobre el virus Andes Sur, la variante asociada al Síndrome Cardio-Pulmonar por Hantavirus en la Patagonia. El proyecto reunirá al Instituto Malbrán, la Agencia Neuquina de Innovación para el Desarrollo (ANIDE), el Ministerio de Salud y el Grupo de Ecología Terrestre de Neuquén, integrado por el CEAN y especialistas del INIBIOMA-CONICET-Universidad Nacional del Comahue.

El propósito no es solamente saber dónde aparece el virus. La investigación buscará conocer su diversidad genética y entender qué factores ambientales están relacionados con su transmisión a las personas.

Para eso habrá trabajo de campo.

Los investigadores realizarán muestreos de roedores en ambientes silvestres y peridomésticos de distintas zonas de la provincia que registraron antecedentes de casos humanos. Entre las especies de interés se encuentra Oligoryzomys longicaudatus, conocido como ratón colilargo, considerado uno de los principales reservorios vinculados con el virus Andes Sur.

La elección de los lugares tampoco será al azar. Se priorizarán sectores cordilleranos donde existan antecedentes de casos confirmados y condiciones ecológicas favorables para la presencia de los roedores reservorios.

La información obtenida permitirá construir un mapa más preciso del riesgo.

Ese punto puede parecer técnico, pero tiene una consecuencia muy concreta: saber dónde y bajo qué condiciones aumenta la posibilidad de exposición permite orientar mejor las tareas de vigilancia y prevención.

Neuquén ya tiene experiencia en este tipo de investigaciones. El nuevo proyecto constituye la segunda etapa de un trabajo realizado anteriormente por el Instituto Malbrán y el Ministerio de Salud provincial, que ahora se extenderá hacia otras zonas neuquinas.

El Síndrome Cardio-Pulmonar por Hantavirus puede provocar cuadros respiratorios severos y presenta una elevada letalidad entre los casos confirmados de la región patagónica. Por eso, mejorar el conocimiento sobre las variantes que circulan no es un ejercicio académico aislado: forma parte de una política de prevención sanitaria.

La investigación también muestra algo más amplio sobre la manera de pensar la salud pública.

Durante mucho tiempo, la ciencia podía aparecer separada de los problemas cotidianos: investigadores trabajando en laboratorios y comunidades esperando que los resultados finalmente llegaran hasta ellas. El proyecto neuquino propone recorrer el camino inverso, tomando una necesidad concreta del territorio como punto de partida para producir conocimiento.

Ese enfoque es el que ANIDE busca impulsar mediante su programa Ciencia en Territorio. Según explicó su secretario ejecutivo, Joaquín Perren, la intención es pasar de investigaciones guiadas principalmente por agendas académicas a una ciencia vinculada con las necesidades concretas de las comunidades.

En una provincia extensa y con una geografía tan diversa como Neuquén, esa mirada puede ser especialmente útil.

No todos los territorios presentan las mismas condiciones ambientales. Tampoco todos tienen la misma presencia de especies reservorio ni los mismos antecedentes epidemiológicos. Una estrategia de prevención diseñada a partir de información local puede ser mucho más precisa que una respuesta construida únicamente con datos generales.

La investigación permitirá justamente integrar distintas variables: características ambientales, distribución de los hospedadores, prevalencia de las especies y antecedentes de casos humanos. Con esa información se buscará identificar áreas prioritarias para la vigilancia eco-epidemiológica.

El desafío será convertir esos datos en decisiones.

La ciencia puede indicar dónde existen determinadas condiciones de riesgo. La política sanitaria debe después traducir ese conocimiento en vigilancia, prevención, información para las comunidades y respuestas adecuadas cuando aparecen casos.

Ahí es donde una investigación deja de ser solamente una investigación.

Se convierte en una herramienta de salud pública.

El nuevo estudio no elimina el riesgo de hantavirus ni permite anticipar por sí solo cuándo ocurrirá un caso. Su valor está en algo menos espectacular, pero mucho más importante: conocer mejor el comportamiento del virus para poder tomar mejores decisiones.

En tiempos en los que las amenazas sanitarias suelen presentarse como fenómenos repentinos, hay una tarea menos visible que resulta fundamental: observar antes de que sea necesario reaccionar.

En la cordillera neuquina, esa tarea acaba de comenzar otra vez.

Porque conocer qué virus circula, dónde lo hace y qué condiciones favorecen su presencia no es solamente acumular información.

Es construir, con ciencia hecha desde el territorio, una forma más inteligente de cuidar a quienes lo habitan.