La deuda soberana en dólares intenta recuperarse después del fuerte golpe de comienzos de semana, mientras el mercado sigue mirando las tasas internacionales, las reservas y las necesidades de financiamiento de 2027. El riesgo país permanece en niveles elevados y mantiene la presión sobre los activos argentinos.
Los bonos argentinos en dólares atraviesan una nueva jornada de tensión, después de un septiembre particularmente negativo para los activos financieros locales. El mercado busca recuperar parte del terreno perdido, pero el riesgo país continúa por encima de los 600 puntos básicos y mantiene abierta la discusión sobre el costo que tendrá para el país volver a financiarse.
El cierre de septiembre llega después de una secuencia de fuertes movimientos. Los bonos Globales habían sufrido importantes pérdidas durante el mes, especialmente los títulos de mayor duración. En promedio, la deuda soberana perdió alrededor de 4,7% en dólares durante septiembre, aunque algunos vencimientos largos tuvieron retrocesos considerablemente mayores.
El AL41 cayó 8,6%, el AL35 perdió 8%, el AE38 retrocedió 7,4%, mientras que el GD35 y el GD46 terminaron con bajas de 6,4% y 6,3%, respectivamente. Los bonos de menor duración, en cambio, mostraron una mayor resistencia, con caídas cercanas al 1% en algunos casos.
La diferencia no es menor. El mercado está asignando un costo mayor a los títulos que deben atravesar un horizonte más largo y, especialmente, a aquellos cuyos vencimientos quedan más expuestos al escenario político y económico de 2027.
En paralelo, el riesgo país acumuló una fuerte suba durante septiembre. El indicador elaborado por JP Morgan llegó a superar los 640 puntos durante los últimos días y cerró algunas jornadas por encima de las 600 unidades. El nivel representa un encarecimiento importante del financiamiento argentino frente al que tenían los bonos locales algunos meses atrás.
Detrás de este movimiento aparece una combinación de factores externos e internos. En el escenario internacional, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense volvió a ubicarse en niveles elevados, aumentando el retorno que los inversores exigen a los activos considerados de mayor riesgo. Cuando las tasas estadounidenses suben, los países emergentes suelen enfrentar condiciones financieras más exigentes.
Pero el mercado argentino también tiene problemas propios para resolver.
La actividad económica mostró una caída de 2,9% mensual en julio y de 1,4% interanual. La industria manufacturera y el comercio estuvieron entre los sectores que más retrocedieron, mientras que la confianza en el Gobierno también disminuyó. Estos datos alimentaron las dudas sobre la capacidad de la economía para sostener una recuperación fuerte en los próximos meses.
A eso se suma el frente cambiario. La acumulación de reservas perdió ritmo respecto de meses anteriores y los inversores observan con atención la capacidad del Banco Central para comprar dólares. El problema adquiere mayor importancia cuando se mira hacia 2027, año en el que el Tesoro deberá enfrentar importantes vencimientos de deuda.
Según las estimaciones citadas por el mercado, el programa financiero del próximo año contempla necesidades cercanas a los 24.900 millones de dólares. En ese escenario, el acceso al crédito internacional vuelve a ser una pieza central.
Cuanto más elevado sea el riesgo país, mayor será el rendimiento que Argentina deberá ofrecer para conseguir financiamiento. Y cuanto más caro resulte endeudarse, más difícil será utilizar nuevamente los mercados internacionales como una fuente cómoda para renovar los vencimientos.
La tensión también aparece dentro de la propia curva de bonos. Los títulos con vencimientos posteriores al proceso electoral de 2027 comenzaron a incorporar una prima mayor respecto de aquellos que vencen antes. Esa diferencia muestra que los inversores no solamente están mirando la situación financiera actual, sino también el escenario que podría encontrarse el país después de las elecciones.
La incertidumbre se trasladó además al mercado de acciones. Durante septiembre, el S&P Merval cayó 7,1% en pesos y alrededor de 8,5% medido en dólares. Los bancos concentraron buena parte del castigo, mientras que las empresas vinculadas con energía mostraron una mayor resistencia.
En este contexto, los inversores buscan refugio relativo en instrumentos de plazos más cortos y en deuda corporativa de compañías con mejores fundamentos. La deuda soberana argentina, en cambio, continúa siendo observada con cautela debido a la combinación de riesgo financiero, necesidades de dólares y un escenario internacional menos favorable.
El Gobierno necesita que esa dinámica cambie. Una recuperación sostenida del precio de los bonos permitiría reducir el riesgo país y acercaría nuevamente la posibilidad de acceder al financiamiento externo a tasas más razonables. Pero para que eso ocurra, el mercado deberá encontrar señales suficientes sobre la capacidad de la Argentina para generar dólares, acumular reservas y afrontar sus compromisos futuros.
Por ahora, septiembre deja una fotografía incómoda: bonos golpeados, acciones en retroceso y un riesgo país que se mantiene por encima de los 600 puntos. El mercado puede ensayar rebotes en jornadas puntuales, pero la discusión de fondo sigue siendo la misma: cuánto tiempo podrá sostenerse el actual esquema financiero si el costo del crédito continúa elevado y 2027 empieza a ocupar cada vez más espacio en las decisiones de los inversores.