El expresidente español criticó el comportamiento del mandatario argentino durante su última visita a Madrid y bromeó sobre el posible efecto de sus apariciones en la campaña electoral. González, sin embargo, confirmó que votará en blanco en los comicios generales del 29 de noviembre y volvió a cuestionar al PSOE de Pedro Sánchez.
La visita de Javier Milei a España volvió a cruzar la política argentina con la campaña electoral española. Esta vez, las críticas llegaron de Felipe González, expresidente del Gobierno y una de las figuras históricas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), quien ironizó sobre el impacto que podrían tener las reiteradas apariciones del mandatario argentino en el país europeo.
“Si Milei visita España 15 veces más, es posible que gane Sánchez”, bromeó González durante un encuentro organizado por el Círculo Empresarial de Málaga. La frase apuntó al efecto político de una visita marcada por los ataques verbales del presidente argentino contra el jefe del Gobierno español y por un nuevo enfrentamiento con la prensa.
González fue más allá de la ironía y cuestionó directamente el comportamiento de Milei. Lo calificó de “maleducado que insulta a todo el mundo” y se preguntó cómo podía un presidente viajar a otro país para dedicar buena parte de sus intervenciones a los agravios. A su juicio, ese comportamiento refleja una falta de educación cívica y política.
El episodio más reciente ocurrió en Madrid, cuando una periodista de la Cadena SER le preguntó a Milei si su presencia podía resultar incómoda para el Partido Popular y Vox. El mandatario respondió con descalificaciones personales hacia la cronista, a quien acusó de tener una visión propia de personas “cortas intelectualmente” y de “miserables políticos”.
La escena volvió a colocar en el centro del debate la relación del presidente argentino con los medios de comunicación. Sus declaraciones también generaron incomodidad en sectores de la derecha española, que mantienen afinidad ideológica con Milei, pero deben administrar el costo político de aparecer asociados a sus confrontaciones.
La visita coincidió con la precampaña para las elecciones generales españolas previstas para el 29 de noviembre. En ese contexto, los cruces entre Milei y Pedro Sánchez ofrecen al oficialismo socialista una oportunidad para contrastar sus posiciones con las del mandatario argentino, mientras que el Partido Popular intenta evitar que la discusión quede dominada por la confrontación personal.
La sintonía entre Milei y Santiago Abascal, líder de Vox, también forma parte de ese escenario. El presidente argentino respalda a los sectores de derecha que comparten su visión política y económica, pero su presencia en España no siempre se traduce en una agenda institucional fluida. Durante esta última visita no logró concretar un encuentro presencial con Abascal y mantuvo una videollamada con él.
González, sin embargo, no aprovechó la ocasión para respaldar sin reservas al actual Gobierno español. Pese a su trayectoria dentro del PSOE, confirmó que votará en blanco en las próximas elecciones porque no se siente representado por ninguna de las opciones políticas disponibles.
“Si me siento representado, voto por alguien que me represente. Si no, voto en blanco”, explicó. El exmandatario insistió en que considera esa decisión una forma de expresar su disconformidad y no una renuncia a participar en la vida democrática.
Sus críticas también alcanzaron al partido que dirigió durante 23 años. González cuestionó los acuerdos del Gobierno de Sánchez con sus socios parlamentarios, especialmente los vinculados con la amnistía a dirigentes independentistas catalanes. También expresó su rechazo a la falta de presentación de nuevos presupuestos y sostuvo que la política española necesita corregir lo que considera una distorsión de los valores democráticos.
La posición del exmandatario refleja una tensión de larga data dentro del socialismo español: la distancia entre una parte de su dirigencia histórica y la estrategia de alianzas que sostiene actualmente a Sánchez en el Gobierno. Aunque González criticó con dureza a Milei, tampoco presentó al PSOE como una alternativa que represente sus propias convicciones.
El expresidente también hizo referencia a la situación económica argentina. Con ironía, cuestionó que Milei sea presentado como un economista destacado mientras persisten dificultades económicas en su país. La observación se sumó a una discusión más amplia sobre el modelo económico del Gobierno argentino y sus consecuencias sociales.
La polémica muestra cómo las visitas internacionales pueden convertirse en escenarios de disputa política interna. Para Milei, los viajes a España son una oportunidad para reforzar vínculos con referentes ideológicos y defender su programa. Para sus críticos, en cambio, los ataques a dirigentes y periodistas desplazan la agenda institucional y pueden terminar beneficiando a sus adversarios.
De todos modos, González advirtió que ninguna elección está decidida de antemano. Su comentario sobre las visitas de Milei fue una ironía política, no una predicción sobre el resultado de los comicios. El desenlace dependerá de múltiples factores, entre ellos la situación económica, las propuestas de los partidos y la confianza que consigan construir entre los votantes.
A poco más de un mes de las elecciones españolas, el episodio vuelve a plantear una pregunta sobre el papel de los liderazgos internacionales en las campañas nacionales: hasta qué punto una intervención extranjera puede influir en el debate político de otro país y cuándo termina convirtiéndose en un problema para los propios aliados.
Por ahora, las declaraciones de González dejan una escena paradójica. Un histórico dirigente socialista cuestiona al presidente argentino por sus agravios, pero al mismo tiempo mantiene su distancia del partido que representa Sánchez. En una campaña atravesada por las disputas ideológicas, el voto en blanco del expresidente recuerda que las diferencias políticas no siempre se ordenan en dos bloques enfrentados.