El Gobierno volvió a tener registro del señalamiento del Fondo cuando terminaba de pulir el discurso que el Presidente leyó ante la Asamblea Legislativa, el viernes pasado, para abrir una nueva etapa de sesiones ordinarias, es decir, sin temario exclusivo a cargo del Ejecutivo. Un par de días antes, Luis Caputo escuchaba la ratificación del señalamiento del organismo internacional más allá de las condiciones estrictamente económicas. Sin vueltas, se advertía otra vez sobre la necesidad de lograr sustento político y social para el ajuste.
Para entonces, además, en círculos empresariales y políticos reducidos, aunque atentos a lo que ocurre más allá de la frontera, circulaba la inquietud por la reacción de “los” mercados frente a la escalada de tensión expuesta en el plano político. El desenlace de la Ley Ómnibus, luego de un proceso de pésimo manejo que anticipaba el riesgo de la caída, gatilló una carga que extremó el discurso de la “casta” y colocó la relación con los gobernadores y con el Congreso en un punto de máxima tensión.
Eso mismo transmitía hacia afuera incertidumbre por partida doble. Primero, la lectura sobre el fracaso del proyecto de ley base del nuevo gobierno. Y a continuación, el interrogante político serio sobre las consecuencias de la batalla encarada después por el Presidente, sin un tejido de alianzas mínimas con bloques legislativos y jefes provinciales. Con un añadido nada menor: las complicaciones judiciales crecientes para el mega DNU. El decreto, para completar, había entrado en zona de riesgo también en el Senado, porque el rechazo empezaba a trascender al peronismo/kirchnerismo.