En el final pasó todo. En el final llegó el escándalo, el caos, la batalla campal. En el final llegó el penal de Sandez a Solari, el gol de Borja, el cruce Palavecino-Romero que desató el bochorno. En el final, Boca se quedó con ocho y el local, con diez. En el final, recién, lo ganó River. Se lo pudo llevar antes, sí. Se lo debió llevar antes. Pero por eso, acaso, lo disfrutó más.Como en una olla a presión, más de 83 mil hinchas de River celebraron la agónica victoria para el puntero del campeonato, que alcanzó los 37 puntos y sacó más diferencia de sus perseguidores. A su vez, estiró la diferencia a 19 con su eterno rival, que tiene 18 unidades.El Superclásico empezó con los dientes apretados. La intensidad fue una característica que motivó alguna pierna fuerte que Herrera sancionó con tarjetas amarillas.Boca arrancó el segundo tiempo con otra actitud y al encontrar espacios con Villa y Advíncula, puso incómodo a River.
Sin embargo, una jugada, la más polémica de la noche, rompió el partido con la infracción del ingresado Agustín Sandez por Barco a Solari. Herrera cobró convencido y el VAR no lo llamó. Borja tomó la pelota y la puso junto al palo derecho, abajo, cuando Romero eligió el otro lado, e hizo explotar el estadio con el grito de gol.
