Neuquén comienza a medir la huella de carbono de sus eventos para reducir el impacto ambiental

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La Provincia aplicó por primera vez esta metodología durante el encuentro Vaca Muerta Metano Near Zero 2026, realizado en septiembre en la capital neuquina. El informe estimó una huella de 48,65 toneladas de dióxido de carbono equivalente y detectó que los traslados de los participantes concentraron el 83,8% de las emisiones.

Organizar un evento también tiene un costo ambiental. Los viajes de los asistentes, las noches de alojamiento, la alimentación, el consumo eléctrico y los materiales utilizados dejan una huella que muchas veces queda fuera de los balances tradicionales. Neuquén comenzó a incorporar esa dimensión a su planificación institucional y puso a prueba una metodología para medir las emisiones generadas durante sus actividades.

La primera experiencia se desarrolló durante Vaca Muerta Metano Near Zero 2026, un encuentro realizado el 15 y 16 de septiembre en Neuquén capital, que reunió a representantes de organismos públicos, empresas, especialistas y referentes nacionales e internacionales para debatir sobre la medición y reducción de emisiones de metano en la industria hidrocarburífera.

El relevamiento técnico estuvo a cargo de EcoEtika, que elaboró un informe sobre el impacto ambiental asociado a la organización de las jornadas. El resultado estimó una huella total de 48,65 toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO₂e), una unidad que permite expresar el impacto climático de distintos gases de efecto invernadero.

El dato más significativo apareció al analizar los desplazamientos. La movilidad de los participantes representó el 83,8% de las emisiones calculadas. Dentro de ese rubro, los viajes en avión tuvieron el mayor peso: generaron aproximadamente 38,93 toneladas de CO₂ equivalente, cerca del 80% de la huella total del encuentro.

El alojamiento explicó otro 10,9%, mientras que el catering representó el 4,8%. El consumo eléctrico, los materiales y la logística tuvieron una incidencia mucho menor en el resultado final.

Para construir el inventario se recopilaron datos sobre los viajes, las estadías, el consumo de energía, la alimentación y los recursos utilizados durante las jornadas. El análisis se apoyó en 408 respuestas y en información operativa proporcionada por las sedes y los proveedores.

La medición permitió identificar dónde se concentra el impacto y, sobre esa base, establecer alternativas para reducirlo en futuras actividades. Entre las recomendaciones aparecen coordinar mejor los traslados, promover viajes compartidos entre participantes de localidades cercanas y habilitar modalidades de participación remota cuando las características del encuentro lo permitan.

También se planteó la necesidad de mejorar los registros sobre consumo eléctrico, generación de residuos y utilización de agua. En paralelo, el informe propone incorporar criterios ambientales en la contratación de proveedores, optimizar la planificación del catering y favorecer la reutilización de materiales.

El subsecretario de Cambio Climático, Santiago Nogueira, destacó que la experiencia permite aplicar a la propia gestión pública uno de los principios centrales de la agenda climática: conocer el impacto antes de intentar reducirlo. La información obtenida, señaló, ofrece una base concreta para revisar decisiones y mejorar la organización de próximos eventos.

La iniciativa es impulsada desde la Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales y la Subsecretaría de Cambio Climático. La intención es extender progresivamente estas herramientas a otras actividades institucionales, de modo que la evaluación ambiental forme parte de la planificación y no sea considerada solamente después de que los encuentros terminan.

El informe fue elaborado siguiendo criterios de relevancia, integridad, consistencia, transparencia y precisión compatibles con lineamientos internacionales para inventarios de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el propio documento aclara que se trata de una estimación técnica: no constituye una certificación de carbono ni cuenta con una verificación independiente.

La distinción es importante porque medir, reducir y compensar emisiones son procesos diferentes. Una medición permite conocer el impacto; la reducción exige modificar prácticas y decisiones; y una eventual compensación requiere mecanismos específicos. Contar con un número, por sí solo, no significa que el impacto ambiental haya sido neutralizado.

En una provincia cuya economía está fuertemente vinculada con la actividad energética, incorporar criterios de sostenibilidad a la organización de eventos también tiene un valor institucional. La discusión sobre las emisiones no puede limitarse a los procesos industriales: debe alcanzar los consumos, los desplazamientos y las decisiones cotidianas de los organismos públicos y privados.

La experiencia de Vaca Muerta Metano Near Zero deja una primera referencia para ese camino. El desafío será sostener las mediciones, comparar resultados y transformar las recomendaciones en cambios verificables. Porque una política ambiental no se construye únicamente con declaraciones: también necesita información confiable y decisiones capaces de modificar aquello que se hace.