Trump cierra la puerta al diálogo con Irán mientras crece la tensión en Oriente Medio

En este momento estás viendo Trump cierra la puerta al diálogo con Irán mientras crece la tensión en Oriente Medio
  • Categoría de la entrada:Actualidad
  • Tiempo de lectura:5 minutos de lectura

El presidente estadounidense aseguró que no existen conversaciones en curso ni previstas con Teherán, pese a que desde su propio entorno habían surgido señales de contactos recientes. El desencuentro ocurre después del vencimiento de un acuerdo de 60 días y en medio de una disputa cada vez más peligrosa alrededor del estrecho de Ormuz.

La diplomacia entre Estados Unidos e Irán parece haber vuelto a quedar suspendida en el aire.

Donald Trump afirmó el martes 18 de agosto que no existen conversaciones ni negociaciones en curso o previstas con Irán, una declaración que llegó después de que integrantes de su propio entorno sugirieran que había contactos entre Washington y Teherán.

La contradicción no es menor.

Mientras Trump cerraba públicamente la puerta al diálogo, su yerno y enviado Jared Kushner había señalado poco antes que Estados Unidos e Irán habían mantenido conversaciones “muy intensas”. Según Kushner, el problema era que Teherán todavía no estaba dispuesto a aceptar un acuerdo en los términos que Washington considera satisfactorios.

En otras palabras: puede que no haya una mesa formal de negociación, pero tampoco parece haber desaparecido por completo el contacto entre las partes.

El problema es que el margen para la diplomacia se volvió cada vez más pequeño.

El acuerdo temporal alcanzado en junio, que había buscado contener la escalada durante 60 días y abrir el camino hacia un entendimiento más amplio, llegó a su fin sin que Washington y Teherán alcanzaran una solución definitiva. Irán sostiene que el acuerdo puede recuperarse, pero exige que Estados Unidos levante el bloqueo naval, alivie las sanciones y libere fondos iraníes congelados.

La administración Trump, en cambio, no parece dispuesta a extenderlo bajo esas condiciones.

Y en el centro de la disputa aparece un lugar que, en un mapa, puede parecer apenas una franja de agua.

El estrecho de Ormuz.

Por allí circula una parte fundamental del comercio energético mundial. Su importancia convierte cualquier interrupción prolongada del tránsito marítimo en un problema que rápidamente deja de ser exclusivamente regional.

Trump asegura que Estados Unidos mantiene el control de la zona y que el estrecho está abierto y seguro. Irán sostiene lo contrario y afirma que continuará restringiendo el paso hasta que Washington cumpla las condiciones acordadas previamente.

La diferencia entre ambas versiones muestra hasta qué punto la crisis está atravesada también por una batalla de relatos.

Washington dice controlar el paso.

Teherán dice tener capacidad para impedirlo.

Y los barcos comerciales quedan atrapados en el medio.

En las últimas horas, además, aumentaron las tensiones con Omán, país que históricamente ha desempeñado un papel importante como intermediario entre Estados Unidos e Irán. Teherán y Mascate avanzaron en conversaciones para encontrar una salida al conflicto alrededor del estrecho, mientras Trump cuestionó duramente cualquier acuerdo que pudiera dejar a Washington fuera de la gestión del tránsito.

La situación es particularmente delicada porque Omán no es un adversario de Estados Unidos.

Es un aliado.

Que Washington termine enfrentado diplomáticamente incluso con uno de los países que durante años funcionó como puente entre las partes muestra hasta qué punto se redujo el espacio para la negociación.

Irán, por su parte, endureció su discurso. El jefe negociador y presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, acusó a Washington de creer que aumentar la presión permitirá obtener concesiones que Teherán nunca aceptó.

El mensaje iraní es claro: presión económica y militar no necesariamente significa más capacidad de negociación.

Puede producir exactamente lo contrario.

Cuando las partes comienzan a interpretar cada movimiento del adversario como una amenaza, la diplomacia deja de funcionar como una herramienta para reducir tensiones y empieza a convertirse en una prolongación de la confrontación por otros medios.

Ese es uno de los mayores riesgos del escenario actual.

El problema tampoco queda encerrado en Washington y Teherán.

El conflicto ya tiene consecuencias para otros países de la región y para la economía internacional. El tráfico marítimo en Ormuz se redujo considerablemente, aumentó la incertidumbre sobre el suministro energético y algunos países comenzaron a tomar medidas para proteger sus propios intereses frente a una situación que no parece tener una salida inmediata.

La economía mundial conoce demasiado bien esa película.

Cuando una de las principales rutas energéticas del planeta se vuelve imprevisible, el precio del petróleo, los costos del transporte y las expectativas de los mercados reaccionan antes de que los gobiernos puedan encontrar una respuesta.

Por eso cada palabra de Trump importa.

Y cada silencio también.

El presidente estadounidense ha construido buena parte de su política exterior alrededor de la presión, las amenazas y la búsqueda de acuerdos rápidos. Pero Irán es un adversario con capacidad militar, influencia regional y una larga tradición de resistencia frente a las sanciones.

La idea de que una presión creciente necesariamente obligará a Teherán a ceder puede terminar siendo una apuesta peligrosa.

Sobre todo si al mismo tiempo desaparecen los canales diplomáticos capaces de evitar que una crisis se convierta en algo mayor.

Por ahora, Trump dice que no hay conversaciones.

Irán dice que todavía podría existir una salida si Estados Unidos modifica sus condiciones.

Y distintos actores regionales intentan mantener abierto algún puente.

La paradoja es evidente: mientras todos hablan de cómo controlar el estrecho de Ormuz, el verdadero desafío consiste en evitar que la falta de diálogo termine cerrando algo mucho más importante.

La posibilidad de una salida política.

Porque en Oriente Medio, cuando la diplomacia desaparece, el espacio que deja vacío rara vez permanece vacío durante demasiado tiempo.