Suar y Oreiro vuelven a encontrarse: una comedia sobre el ego en tiempos de selfies

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Después de 13 años, Adrián Suar y Natalia Oreiro vuelven a compartir pantalla en Yo, Narciso, una comedia romántica que convierte el narcisismo, la obsesión por la imagen y la necesidad de aprobación en materia de humor. La película llega a los cines argentinos este jueves 13 de agosto.

Hay parejas cinematográficas o televisivas que necesitan poca presentación. Basta con mencionar dos nombres para que aparezcan recuerdos, escenas y una época. Adrián Suar y Natalia Oreiro pertenecen a esa categoría.

Después de haber protagonizado juntos Solamente vos en 2013, los actores vuelven a encontrarse en Yo, Narciso, una comedia dirigida por el propio Suar y pensada alrededor de una pregunta bastante contemporánea: ¿qué ocurre cuando alguien convierte su propia imagen en el centro de su universo?

La respuesta llega en clave de comedia.

Oreiro interpreta a Rocío Flores, una profesora universitaria de sociología que está escribiendo un libro sobre el narcisismo moderno. Para comprender mejor el fenómeno, decide estudiarlo desde adentro y elige como objeto de investigación a Máximo Rey, un carismático cirujano plástico interpretado por Suar.

El método de Rocío tiene algo de experimento académico y bastante de comedia de enredos: adopta una identidad falsa y se presenta como una paciente interesada en realizarse un retoque estético. Pero la investigación empieza a escaparse de los márgenes previstos cuando las consultas profesionales se transforman en citas.

Máximo, convencido de su encanto y acostumbrado a ser el centro de atención, comienza a desplegar sus herramientas de seducción. Rocío intenta mantener la distancia y preservar el objetivo científico, pero cuanto más intenta controlar la situación, más complicado se vuelve el experimento.

La película utiliza así una figura reconocible de la cultura contemporánea: el narcisismo como comportamiento cotidiano. No se trata solamente de mirarse al espejo. También aparecen la necesidad permanente de aprobación, la obsesión con la apariencia y esa particular economía de las redes sociales donde cada gesto parece necesitar una audiencia.

En ese sentido, Yo, Narciso encuentra un terreno fértil para la comedia. La búsqueda de validación personal puede ser absurda, pero también profundamente humana. Todos tenemos, en mayor o menor medida, alguna versión pequeña de ese espejo imaginario frente al que intentamos comprobar que todavía somos quienes creemos ser.

El elenco amplía el juego. Julieta Zylberberg, Sofía Morandi, Mariano Saborido, Andy Chango, Eleonora Wexler y Camila Peralta forman parte de la película, mientras que Moria Casán participa especialmente.

El reencuentro entre Suar y Oreiro también funciona como una pieza importante de la propuesta. Pasaron 13 años desde aquella ficción televisiva que quedó instalada en la memoria de una generación. En ese tiempo cambiaron la televisión, las plataformas, las formas de consumir historias y hasta la manera en que las personas se relacionan con su propia imagen.

Por eso el regreso tiene algo más que un valor nostálgico.

Yo, Narciso intenta aprovechar ese reconocimiento para contar una historia sobre un problema bastante actual. El desafío será que el reencuentro no quede solamente en la memoria de Solamente vos, sino que consiga construir una nueva complicidad con el público.

La película llega además en un momento particular para el cine argentino, donde cada estreno nacional compite por recuperar espectadores en las salas frente a un mercado dominado por grandes producciones internacionales y por el consumo doméstico.

Quizás allí esté una de las apuestas más interesantes de esta comedia: recuperar una fórmula conocida —dos actores populares, romance, humor y enredos— para mirar con cierta ironía un fenómeno que las redes sociales volvieron cotidiano.

Porque Narciso ya no necesita un estanque.

Ahora tiene cámara frontal, seguidores y un algoritmo dispuesto a devolverle su propio reflejo.