La puerta de salida del peso: empresas y ahorristas aceleran la dolarización

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El mercado financiero registró en septiembre un fuerte aumento de las operaciones con el bono AL30, uno de los principales instrumentos para acceder al dólar financiero. El movimiento coincide con una mayor búsqueda de cobertura en moneda extranjera y con nuevas caídas de la deuda argentina.

En los mercados financieros hay momentos en los que los números empiezan a contar una historia antes de que alguien la diga en voz alta. Septiembre dejó uno de esos momentos: mientras el Gobierno intenta sostener la idea de que la economía atraviesa una etapa de recuperación, empresas, fondos y ahorristas aumentaron su exposición al dólar y redujeron posiciones en pesos.

El protagonista inesperado de esta escena fue el AL30, un bono soberano que además de ser un instrumento de deuda se convirtió en una de las principales vías para realizar operaciones de dólar MEP y contado con liquidación. Durante septiembre, el volumen negociado creció con fuerza hasta alcanzar un máximo de más de 179.000 millones de pesos el jueves 24.

La tendencia no fue un episodio aislado. El volumen del bono había comenzado el mes en niveles considerablemente inferiores y durante varias ruedas superó los 100.000 millones de pesos. Entre el martes 22 y el viernes 25 se acumularon más de 568.000 millones de pesos negociados.

¿Por qué importa tanto un bono? Porque detrás de esas operaciones hay una decisión financiera concreta: transformar parte de una posición en pesos en una posición vinculada al dólar. No significa que cada operación tenga necesariamente la misma motivación ni que todo el volumen pueda interpretarse como una corrida. Pero el crecimiento de la operatoria funciona como una señal de que la cobertura cambiaria volvió a ganar espacio entre quienes manejan liquidez.

Las empresas pueden buscar esa protección para reducir el riesgo de mantener grandes cantidades de pesos. Los fondos de inversión pueden modificar sus carteras ante cambios en las expectativas. Y los ahorristas particulares también pueden recurrir al mercado financiero para protegerse frente a una eventual pérdida de valor de la moneda local.

El problema aparece cuando esa conducta se generaliza. Si muchos inversores intentan salir de determinados activos al mismo tiempo, los precios pueden caer. En el caso de los bonos argentinos, esa presión se produjo mientras el riesgo país alcanzaba los 642 puntos básicos, después de una suba diaria del 5,4%.

La fotografía resulta incómoda para el Gobierno de Javier Milei porque ocurre en paralelo a un discurso oficial que busca transmitir confianza ante los mercados internacionales. Durante su visita a Estados Unidos, el Presidente insistió en que la economía continuará creciendo y sostuvo ante inversores que, si su gobierno es reelegido, 2028 podría convertirse en un año extraordinario para la economía argentina.

Pero mientras esas expectativas eran presentadas en Nueva York, el mercado local mostraba otra preocupación: la necesidad de cubrirse frente al riesgo cambiario y una deuda soberana que continuaba perdiendo valor.

La tensión financiera tampoco aparece desconectada de la economía real. Los últimos datos oficiales disponibles mostraron que la industria manufacturera cayó 4,9% interanual en julio y acumuló una baja del 2,6% durante los primeros siete meses del año. A esto se sumó el dato de actividad económica de julio, que registró una contracción mensual desestacionalizada del 2,9%.

El dato de pobreza también agregó presión al cuadro general. Para el primer semestre de 2026, el INDEC informó que alcanzó al 32,3% de la población, mientras la indigencia llegó al 7,5%.

Así, la economía empieza a mostrar una escena con dos velocidades. Por un lado, el Gobierno sostiene que la estabilización y las inversiones futuras pueden abrir una etapa de crecimiento. Por otro, algunos indicadores actuales muestran una economía real con sectores que todavía retroceden y un mercado financiero que busca refugio.

El aumento de la dolarización no implica por sí solo que exista una corrida cambiaria ni permite conocer las decisiones futuras de cada empresa o inversor. También existen factores estacionales y financieros que pueden explicar parte del movimiento, como el cierre mensual de fondos, pagos y reacomodamientos de cartera.

Pero la señal merece atención. En una economía que todavía conserva al peso como moneda de uso cotidiano, que empresas y particulares busquen incrementar su cobertura en dólares revela que la confianza financiera sigue siendo un terreno en disputa.

El AL30 terminó funcionando como una suerte de puerta de salida. No necesariamente una estampida, pero sí una puerta cada vez más transitada. Y cuando una economía necesita que todos crean en el peso para sostener su estabilidad, la cantidad de personas y empresas que buscan la salida también se convierte en un dato económico.